Estigmas: Madre María Teresa de la Santísima Trinidad Aycinena

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Los estigmas son señales o marcas que aparecen en el cuerpo de algunas personas, casi siempre devotas cristianas. Estas heridas son similares a las infligidas sobre Jesús durante su crucifixión según la iconografía cristiana tradicional; así, muchos estigmatizados suelen tener marcas en las palmas de las manos, y no en el antebrazo, punto donde se clavaban los clavos a los crucificados.

Las diversas confesiones cristianas consideran que pueden ser de origen sobrenatural, bien un don de Dios o una intervención diabólica, o causadas por el mismo sujeto que las porta, ya sea intencionalmente o por razones de origen psicosomático (la persona en cuestión es tan religiosa que su cuerpo espontáneamente desarrolla heridas parecidas a los estigmas, como reacción a sus procesos mentales).

La Iglesia Católica, cuando los considera auténticos y don divino, afirma que son participación de los sufrimientos de Jesús. Reconoce unos doscientos cincuenta casos de santos y beatos que han portado estigmas; estos pueden ser visibles o no, sangrientos o no, permanentes o no. Los estigmas invisibles, según la Iglesia Católica, pueden producir tanto dolor como los visibles.

El tipo de heridas refleja su correspondencia con la Pasión de Jesús a través de las siguientes señales:

 

Heridas en manos o muñecas,

Heridas en los pies,

Heridas en la cabeza, semejantes a las provocadas por la corona de espinas

Heridas en la espalda, semejantes a las de látigo en la Flagelación

Herida en un costado, semejantes a las causadas por lanzas.

 

Un caso de Estigma es la Madre María Teresa de la Santísima Trinidad Aycinena Piñol nació en Guatemala el 15 de abril de 1784. A los pocos días recibió el sacramento del bautismo y confirmación, en la Iglesia de Candelaria por el arzobispo Cayetano Francos y Monrroy. Su nombre completo fue María Teresa Anastasia Cayetana. Desde su más tierna infancia, recibió una esmerada educación cristiana, su madre le enseño el respeto a Dios, el amor a Jesucristo, el temor al pecado y la importancia de la caridad. María Teresa aun siendo una niña dedicó largos ratos a la Oración y participaba en la Eucaristía diaria.

Tomó el hábito de las Carmelitas Descalzas a la edad de 23 años, el día 21 de noviembre de 1807. Profesó votos solemnes el 24 de noviembre de 1808. Su delicada salud le obligó a guardar cama numerosas veces. Durante esos años experimentó la mayor parte de los fenómenos místicos que caracterizan su vida. En 1812 afirman sus escritos, Cristo puso en su cabeza un clavo de su pasión, y al año siguiente la corona de espinas. Estos dolores espirituales fueron a más cuando el 1 de marzo de 1816, primer viernes de cuaresma, le aparecieron en sus manos impresiones de las llagas de la pasión. Ese mismo año afirma haber celebrado matrimonio espiritual con Cristo. En su mano, a partir de aquel día, quedó impreso un anillo en el anular como muestra de una alianza matrimonial.

A estos fenómenos sobrenaturales siguieron otros de mayor monta. El arzobispo de Guatemala cuidó cautelosamente de recoger testimonio escrito de estos fenómenos espirituales, tanto de la misma madre María Teresa, como de su confesor y las otras monjas que vivían con ella.

En uno de sus éxtasis el Arzobispo Fray Anselmo Ortíz y la Priora María Manuela de Santa Ana, certificaron que al entrar al Monasterio de Religiosas, la Madre Santa Teresa de la Santísima Trinidad Aycinena, la hallaron sentada en su cama en éxtasis, como lo está siempre, en comunión al mediodía. Al entrar tenía un pañuelo, muy doblado, en la mano izquierda con el puño apretado, a simple vista no se le veía mancha alguna. Se acercaron a la cama y la Madre abrió la mano y dijo: “el señor me entregaba el lienzo”. Lo tomaron en sus manos y al desdoblarlo encontraron un corazón maravillosamente formado con una prodigiosa cruz sobre él, al pie otros dos corazones, al lado derecho tres clavos, un poco más abajo una peregrina corona, bajo los corazones un orillo, una llaga de costado con un pequeño corazón.

Después de varios años encerrada en su convento y manifestando diversas acciones de estigmas, fallece en la madrugada del 29 de noviembre de 1841, a los 57 años de edad. Los guatemaltecos iniciaron un proceso de beatificación por toda su trayectoria de los fenómenos místicos. El 30 de abril de 2008 en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de Guatemala se dio apertura al Proceso Diocesano de Canonización y se juramentó al tribunal que se encargará del mismo. y hasta ahora no han dado respuesta.

Fotografías exclusivas de www.loqueacontece.com