Venezuela: Tierra de Machistas

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No hay mayor reto para el machismo que un cerebro audaz, equilibrado, culto y bien formado en el cuerpo de un hembra pues abre el sendero para grandes deseos y odios. El machismo, considerado como un recorrido selectivo por el valle de los complejos, afectos, envidias y demás enfermedades mentales, vive feliz en el seno de la gente, la pareja y la sociedad. Masoquismo y sadismo se hermanan, así como tantas otras dolencias crónicas de las interioridades humanas. El machista no sabe que está enfermo, no reconoce su mal y mortifica lo que toca a su paso, desmoronando la vida propia y ajena.

El machismo es siempre consecuencia de la pobreza. El hombre más pobre del mundo es una mujer. Ésta, es africana, camina horas para llegar a su brega, va preñada y lleva un crio a cuestas, otro en las entrañas. La pobreza no perdona y una de sus consecuencias es el machismo. Entonces, ya vamos notando igualdades entre machismo y pobreza, tanto como el feminismo. Este mal añejo se cultiva en los profundos traumas alojados en la mente del infante y, con el tiempo, hace sufrir a quien lo porta más de lo debido. Como toda enfermedad crónica va destrozando la vida a fuego lento. El machista no es feliz, ni con varones, ni con hembras y su desajuste es como el cáncer que destroza el entorno donde aparece, como el peor carcinoma, impidiendo la felicidad del otro.

El macho caza y somete atendiendo a su naturaleza dominante. Cuidado que no me refiero al hombre, pues el macho es una categoría primitiva, inferior, caduca, perniciosa, defectuosa y débil respecto a la de hombre, tanto como la feminista lo es con mujer. En materia de pareja el enfermo de machismo necesita imponerse, exhibirse, potenciar su ego, mostrar su superioridad respecto a la otra que funge sólo como costillar, apéndice, derivatura, reclinatorio, cojín de descanso, simple adorno o trasto viejo. Pero machismo se mimetiza ante el poder del varón convirtiéndose en adulación frente al amo, sumisión presunta frente al dueño, jefe o mandamás. Un macho no conoce el decoro y la dignidad más allá de los límites de sus placeres. Su enfermedad borra todo mapa ético convirtiéndose en psicópata con el aumento de poder. Un machista en el poder es un monstruo.

En su poderío el machista es ególatra y se ama a si mismo desmedidamente, esto le impide el correcto ejercicio del poder y tarde o temprano fracasa pues no logra dar respuesta efectiva ante las necesidades del pueblo. Hay mujeres machistas, pues sufren de todos los síntomas antes descritos y no me imagino los desmadres que cometerían en Venezuela si logaran la ansiada cuadrupeda de Miraflores, tanto como han destruido los infelices machistas que la han calentado. La pobreza produce sociedades machistas y esta condición es base para imposiciones de toda índole, dictaduras y represiones. En Venezuela la mujer forma parte importante de la población económicamente activa, se desarrolla pero aún no ha podido exorcizar el machismo de sus entrañas. Todavía creemos en el príncipe azul pero ese disfraz cubre la podredumbre del machista. Aún, algún sector del pueblo asemejase a una quinceañera en materia política, creyendo en principitos de pacotilla, pero la realidad de los mercados quizás pueda despertarlos. Dios y los ángeles presos quieran….??

Fotografía: http://ow.ly/JTm0L