Mi mascota es un morrocoy

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Morrocoy

Bueno en realidad es hembra y la llamamos Cuchi Cuchi. Le colocamos ese nombre porque al principio pensábamos que era macho. Llegó a nuestra familia cuando apenas tenía un mes de haber nacido. En ese entonces, mi hijo solo tenía 4  años. Nuestra morrocoya tiene 14 años y medio con nosotros. Ha crecido muchísimo y su caparazón es muy fuerte y sus manchas amarillas se le han acentuado bastante.

Desde que está con nosotros sólo come vegetales, mucha lechuga y frutas. Toma agua aunque no en abundancia. Lo que sí, es que si es por ella, estaría comiendo todo el día. Se devora la comida rápidamente. Eso sí. Que apenas come defeca. Y ella misma escogió un lugar específico para hacerlo. Y así no tenemos problemas en ubicarla porque sabemos exactamente donde lo hace.

También tiene un lugar predilecto para dormir donde no le pega nada de luz y de esta manera duerme plácidamente hasta que se percata al día siguiente de la luz solar y sale de su escondite para iniciar, como todos los días, su recorrido por toda la extensa área de que dispone.

Nuestra mascota comenzó siendo un regalo para mi hijo pero se convirtió en una parte muy importante de la familia. Al principio cuando estaba pequeña, cada  vez que viajábamos nos la llevábamos en una cajita de zapatos que luego se convirtió en una caja más grande por lo rápido que crecía. Nos preocupaba dejarla porque era posible que no comiera bien o que un gavilán que rondaba la zona se lo llevara entre sus garras. Pero se mareaba un poco con el vaivén del carro y se vomitaba.

Es importante comentarles, que el único trastorno de salud que ha tenido en todo este tiempo, ha sido por indigestión cuando come excesivamente. Le encanta el pepino, zanahoria, auyama, tomate, lechosa, cambur (es su fruta preferida), mango, entre otras. No le damos nunca las semillas porque no las puede digerir y le caen muy mal.

En algunas oportunidades, no espera que le demos su comida porque al parecer se levanta con muchas ganas de comer y sacia su hambre con las hojas de una mata en particular. Cuando vamos de viaje, le dejamos su comida y agua pero siempre nos aseguramos que las hojas estén accesibles para ella. Y entonces, estira su cuello para alcanzarlas. Y es esa mata la que le gusta porque no come de ninguna otra.

El área donde está ubicada se le mantiene siempre limpia y abierta para que ella se sienta cómoda de desplazarse hacia donde quiera. La limpieza nos garantiza que no haya moscas ni malos olores. Cuando era pequeña le costaba subir y bajar las escaleras. Pero ahora lo hace con una destreza asombrosa.

Esta todo el día caminando. Realiza un largo trayecto de idas y venidas. Al mediodía cuando el sol está en todo su esplendor busca refugio bajo la sombra. Tampoco le gusta mojarse con la lluvia así que se esconde. Es muy inteligente. Estamos completamente seguros que la hemos cuidado muy bien puesto que ha durado tantos años con nosotros.

Al poco tiempo de llegar Cuchi Cuchi a nuestra casa, también nos regalaron dos morrocoyes más, aproximadamente de su misma edad, para que le hicieran compañía. Los llamábamos Tommy y Pimpo. Sucedió que en ese entonces vivíamos en un apartamento y los teníamos en el balcón donde estaba la jardinera. Los dos, en tiempos diferentes se salieron del nuestro y se colaron hacia los de los vecinos. En una oportunidad rescatamos uno pero volvió a escaparse. Después vimos a uno de ellos en el balcón de uno de los vecinos. Pero no quisimos reclamarlo porque nos dimos cuenta que nuestro vecino, un niñito de 6 anos lo había adoptado como su mascota. Hasta una casita le había hecho. Entonces pensamos que había sido su decisión de cambiar de residencia. Así que aprobamos en reunión familiar dejarlo ir. Los tres estuvieron juntos por 4 años. La hembra decidió permanecer con nosotros.

No sé por qué dicen que el morrocoy es lento, porque la nuestra es muy rápida y super ágil. Para ella no hay nada imposible.

De ser un animalito tan frágil que cabía en la mano de mi hijo tan pequeño, ahora es tan grande que no podemos levantarla por lo pesada que ya está. Es muy fuerte y nos demuestra cada día que así seguirá siendo por muchos años más, si se le mantiene su cuidado como hasta ahora lo hemos realizado.

Hace poco tiempo llegó una tortuga hasta nuestra casa. Aproximadamente del mismo tamaño de nuestra morrocoya. Se notaba que ha vivido toda su vida a la intemperie porque estaba muy maltratada y rota por algunas áreas de su caparazón. Tratamos de cuidarla, alimentándola y manteniéndole un lugar con agua para que pudiera estar. Pero no comía e intentamos infructuosamente darle carne, pensando que era lo que consumía en su hábitat. Se escapó y la encontramos a pocos metros y nos la llevamos a la casa, pero al tiempo se fue por decisión propia. En parte agradecemos que se haya ido voluntariamente, así mismo como llegó, porque nos preocupaba que no comía y también que era muy agresiva con nuestra mascota. Nos imaginábamos que estaba acostumbrada a defenderse y atacaba constantemente a nuestra morrocoya.

Nosotros disfrutamos con mucho orgullo de Cuchi Cuchi y a todos nuestros visitantes les llama la atención, que tengamos como mascota a un morrocoy.