La fiebre del poder: ¿Mal de los Gerentes?

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Venezuela es un país de contrastes y contradicciones, tanto como de abundancias y pobrezas, no sólo en lo económico, sino también en lo administrativo y gerencial. En estas dos últimas esferas, a veces tan desarticuladas y al tiempo tan compactas en su despliegue empresarial, se empequeñecen nuestras riquezas y nuestra buena vida. La economía y la gerencia son dimensiones que responden a lógicas distintas con una empuñadura común: la de la buena vida. Ya lo planteó el maestro Adams Smith en su texto originario sobre “la naturaleza y origen de la riqueza de las naciones”, cuando centró la problemática en la riqueza y la pobreza a partir de la productividad de la tierra y la mano de obra, o el hombre de negocios de Filadelfia, Frederick Taylor, a inicios del siglo XX, cuando argumentó que el subdesarrollo de USA no se concebía por la negativa de recursos desprendida de la mano de Dios, tanto como por la natural improductividad de sus compañías y de sus hombres de negocios. Punto cumbre de la riqueza en ambos paradigmas.

En Venezuela, tradicionalmente, se le ha dado importancia trascendental a la economía y no a la gerencia. Nadie protesta por la falta de gerencia gubernamental y privada, tanto como por la escasez de todo tipo de bienes y servicios, los sueldos y las jubilaciones bajas y la exorbitante pérdida de valor del bolívar y demás descalabros económicos actuales. El problema gerencial asemejase a una sombra, a una mala obra de teatro sin público, a un zumbido en lo profundo de un tepuy. Pasa desapercibida en la mayoría de los eventos de la vida. ¿Cuántos voceros del Estado han apuntado  la falta de desarrollo gerencial como un problema clave del gobierno y del país en los últimos años?

La falta de gobernabilidad nacional presenta una arista gerencial, además de política y económica. Pero la falta de gerencia no es un mal único de la burocracia. Comparece grandemente en el sector privado, particularmente, en tiempos en que el entorno no es sólo discontinuo, sino insoportablemente amorfo frente a la preservación de la vida empresarial y humana. La falta de gerencia es un flagelo nacional e impide el desarrollo del país. Existe una importante relación entre la estrategia de gestión y la posibilidad que comparezca el desarrollo. Sin gerencia no hay avance posible hacia un país multidimensionalmente rico, tanto como sin seguridad, crecimiento económico, salud, educación, cultura o desarrollo tecnológico, entre muchos factores.

La gerencia requiere una acción y una teoría. Ambas son defectuosas y ambivalentes en este tiempo y momento en Venezuela. Desde el más alto nivel gubernamental hemos contado con profesionales de diversas disciplinas académicas, militares, empíricos, pero no hemos contado con buenos gerentes que encaucen a Venezuela hacia una verdadera visión y misión de conjunto, cuyo norte se asiente en el desarrollo como sostén de la buena vida. Pues un buen gerente no es únicamente un “hombre de negocios” ya que la dimensión económica es vital en la gerencia, pero no es su condición suficiente. Un gerente crea y da sostenibilidad a organizaciones, lo cual impele mantener en buen funcionamiento la vida del cuerpo social, tanto como fomentar la innovación, la satisfacción de los clientes, las alianzas estratégicas con el capital, la búsqueda de nuevos mercados y las economías de escala internacionales. Esto supone que un gerente está en la cúspide del poder organizacional y tendrá que jugar con las leyes de la economía y de la política al mismo tiempo, respetando sus lógicas separadas y concomitantes a la vez. La cultura del poder se confunde con la cultura del mandamás, un adefesio psicológico que permea en la mente de los débiles. La primera se caracteriza por alinearse a la lógica del trabajo serio y constante, la ética, la rentabilidad, la eficiencia, la productividad, el compañerismo y la responsabilidad; la segunda, todo lo contrario.

La fiebre del poder emerge cuando una necesidad de imponer la lógica de las enfermedades y los complejos propios pone en jaque a las organizaciones, con lo cual se afecta negativamente la vitalidad  individual y social del país. Los acomplejados de poder no son buenos gerentes, tanto como no lo son los improductivos, los psicóticos de la codicia que arriesgan los aportes de los socios en la obtención del mega negocio para pisar la brecha de los multibillonarios de un solo salto de garrocha y muchas otras atrocidades gerenciales más.

Fotografía: www.negociosyemprendimiento.org