El Gato Negro

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El gato negro es considerado desde el inicio de los tiempos como un animal mágico. En la Edad Media  se relacionó con la brujería se decía que los gatos negros eran brujas transformadas, motivo por el cual estos felinos eran perseguidos, cazados, metidos en sacos, quemados en hogueras, y les cortaban las cabezas.

Sin embargo, no siempre fueron símbolo de mala suerte. En Egipto se les consideraba animales sagrados, ya que estaban relacionados con el culto a la diosa Bastet (es una diosa de la mitología egipcia, también denominada Bast, cuya misión era proteger el hogar y simboliza la alegría de vivir, pues se considera la deidad de la armonía y la felicidad).

Se tejieron muchos mitos acerca del Gato Negro, ejemplo de ellos: a.- Si unos novios recién casados se encontraban con uno de ellos, esto simbolizaba prosperidad en el matrimonio.  B.- Los marineros creían que tener un gato a bordo les traería buena suerte. C.- Las mujeres solían tener uno en casa, ya que esto parecía “asegurar” que sus maridos volverían sanos y salvos a sus viviendas. Entre otros casos de creencias. D.- En el porche es prosperidad. E.- Si se coloca en la cama de una persona enferma ésta morirá. F.- Si cruza la trayectoria de una persona a la luz de la luna, significa que va a haber una epidemia.

Históricamente, los gatos negros fueron asociados simbólicamente a la brujería y al mal. En la tradición hebrea y babilónica, los gatos se comparan a serpientes. El gato era adorado en Egipto y matar a uno era considerado un crimen capital. Cuando el gato de una familia egipcia moría, se momificaba y la familia se ponía de luto. Los romanos también consideraban al gato sagrado e introdujeron el animal en Europa. Allí, excepto en Italia, España, Serbia y Montenegro, un gato negro que cruza su trayectoria se considera buena suerte.

 

Las supersticiones alrededor del gato negro son algunas de las más extensamente conocidas y populares.

El hechizo maléfico que se les atribuye a los gatos negros es un tanto injusto con estos felinos. En realidad, no siempre ha sido así, considerando su presencia en la historia de la humanidad, es una creencia relativamente reciente.

Por el contrario, se ha atribuido a los gatos, un carácter divino, a partir de una leyenda, según la cual, Dios le envió a Noé una pareja de gatos, para que acabase con los ratones de su Arca. Por otra parte, en Japón custodiaban los manuscritos sagrados, mientras que en la India y en China, cumplían otras importantes misiones. En tiempos remotos, que un gato se cruzase en el camino era señal de buena suerte.

Los egipcios, por ejemplo, veneraban a los gatos, cualquiera fuera su color. Consideraban a estos felinos, animales sagrados y creían que eran una reencarnación de los dioses. A tal punto, que cuando morían se depilaban las cejas en señal de duelo y la pena por matar uno era la muerte. Los galos, también penaban el hecho de dar muerte a un gato, aunque eran menos severos que los egipcios y la condena equivalía a una oveja y su cordero, o a cierta cantidad de trigo. Por su parte, los celtas creían que los ojos de los gatos eran las puertas hacia el reino de las hadas.

Recién en la Edad Media, en Europa se comienza a atribuir un carácter maléfico a los gatos, en particular a los negros, al ser asociados a las brujas y considerarse que cumplían alguna función en los rituales de magia negra. Fue así como paralelamente a la caza de brujas, los gatos eran arrojados a la hoguera, junto con ellas.

Durante la época de Halloween, los gatos -sobre todo los gatos negros- son sacrificados en despiadados rituales ocultistas que son llevados a cabo por sectas y cultos satánicos. Frente a ello, se aconseja a la población el evitar abandonar a sus mascotas felinas en la calle, pues los supuestos adoradores del demonio se dedican a secuestrarlos en esta temporada del año.

Incluso entre los amantes de los felinos los gatos de este color son impopulares. En una camada de gatitos, los negros siempre son rechazados. Estos siempre se quedan de finalistas en los refugios, sus adopciones están limitadas a las escasas personas que muestran preferencia por los gatos de ese color o a personas sensibles que conocen el estigma que los acompaña y los adoptan por solidaridad.

Los gatos negros son gatos como cualquier otro. Son animales elegantes, preciosos y cariñosos, como todos los gatitos. No merecen ser víctimas de prejuicios ridículos.

Lo que si les podemos decir, es que este pequeño felino es un animal muy cariñoso y de gran majestuosidad, por lo que debemos tratar de cuidar y evitar que personas inescrupulosas, por sus ritos satánicos, malogren su vida.